
En Pomuch, Campeche, cada año se lleva a cabo la tradición prehispánica “Limpieza de los Santos Restos”, la cual consiste en exhumar y limpiar los huesos de los familiares de los pobladores, no es más que un acto de amor e identidad cultural.

Esta tradición se realiza desde el 26 de octubre hasta el 2 de noviembre y a partir del 30 de octubre de 2017 el ritual fue inscrito al Patrimonio Cultural del Estado de Campeche.
Para hacer la limpieza, es importante que mínimo hayan pasado 3 años desde que falleció el ser querido para poder exhumar los restos, si no, la piel aún seguirá adherida al hueso y será imposible despolvar los huesos.
Se dice que, con la primera lluvia de octubre, en el inicio del temporal, y con el maíz nuevo cosechado, pobladores se disponen a visitar los cementerios para evocar el sentido de la vida desde la vivencia de la muerte, mediante la visita de los familiares ya fallecidos.

Se le conoce como la celebración del ritual del Hanal Pixán y denota un sentido construido desde los imaginarios y saberes ancestrales, la cultura maya y su sincretismo católico como fundamento de la espiritualidad de la muerte entre los pobladores de Pomuch.
Se vislumbra como costumbre sincrética entre los rituales mayas y los propios del cristianismo, al mismo tiempo que un ritual agrario vinculado con las mismas creencias.
Este ritual empieza con la cosecha del “maíz criollo” antes del temporal, cuyo sintagma refiere a un elemento básico en las culturas mesoamericanas en su uso instrumental agrario común, así como su proceso del molido para su consumo.
“Nosotros tenemos la tradición o cultura de los fieles difuntos que son los ‘huesitos’, de que cada año se les tiene que cambiar su ropa porque cada año queda sucio su ropita de ellos, entonces sabemos que para estos tiempos nosotros tenemos esa tradición de que ellos regresan, así que cada año nosotros les cambiamos su ropa para que estén limpiecitos”

En el municipio de Hecelchakán el cadáver se deposita en una bóveda para que, al pasar tres años, sea exhumado y se le quite la “tierra” que le queda para su primera limpia.

Cabe destacar que los ahorcados (suicidas) son depositados boca abajo, ya que el sikin los tentó y es del mal –la oración puede ayudar a que esta persona regrese al bien–; por esta razón el proceso de la separación del alma, de la limpia de huesos y la comida que se le pone en el altar se realiza por iniciativa personal o familiar, mas no colectiva.
Por otra parte a aquellos que mueren entre el mes de octubre y el primer día de noviembre no se le puede realizar el ritual ni preparar la comida ritual, ya que ellos “cargarán las velas o cargarán los pibis”, en el sentido de que llevarán las almas de los difuntos que llegan.
En el caso de la comida, el discurso es manejado en torno a la experiencia del muerto de vivir el mismo proceso que el pibipollo: ser cocido.
El proceso de la limpia comienza con la caja u osario, de donde se retira el mantel que por un año cobijó los restos del difunto y que es colocado al lado del osario mientras se retira la suciedad que el tiempo pudo haber generado.
El mantel se coloca de nuevo, hundiéndolo hacia el centro de la caja y exhibiendo el adorno, se fabrica
con cualquier tipo de tela, la cual debe ser de color blanco y de un metro cuadrado en cuyo primer tercio se bordan motivos coloridos o no, “según como era el difunto o como la familia quiera”.

Todos los bordados de los manteles en el cementerio cuentan con motivos florales de claveles, pensamiento y girasoles, entre otros; algunos llevan cruces, otros palomas blancas o el nombre del difunto, o ambos, en el centro del bordado floral.
El mantel donde se encuentran los huesos se extiende para limpiarlos, se agarra y se limpia la caja, después de la limpieza de la caja se pone la manta.
De la manta se empieza a estibar los huesos, como se van limpiando se van poniendo, primero los grandes, todos los pies, los brazos, después las costillas para el lado, para que tenga espacio para los más pequeños, se va estibando tramo por tramo, de último se va la cabeza, para que él se presente allá arriba.
“La cajita la dejamos abierta. Si tiene una tapita tenemos que calzarlo para que ellos, ellos, los antiguos abuelitos, los mayeros dicen que si lo dejas tapado se ahogan, también para que agarren respiración. Los paños, representan también que vinieron, que lo quieren, lo aprecian, y por eso vinieron a cambiar sus ropitas, como nosotros nos bañamos, ellos no pueden bañarse, con la brocha lo limpiamos y lo estibamos. Todo eso hacemos a los pobres. Están contentos así como están y ya están ellos”.

Al terminar la limpieza de los restos óseos se reza un rosario, posteriormente los restos depositados en el osario son devueltos a la bóveda, sin cerrar la caja por completo, y se les enciende una vela ya sea de día o de noche, “para que ellos vean su camino; esa luz eso significa”.






